miércoles, 13 de julio de 2016

Hacerlo de cero. Pero consentido y con deseo.

No se explicarlo bien, tengo ganas de meterme en la cama con alguien, bueno con alguien concreto.
Tengo ganas de desgarrarle la ropa, de comérmelo a besos, de envolvernos en sabanas de seda, mientras su cuerpo y el mío, desnudos, se rozan.

Quiero estar aunque sea una noche poseída por un hombre que sepa volverme loca y que me haga gritar arañar una pared, desgarrarme entre sus brazos.

Pero a la vez que siento esa pasión, también recuerdo como una vez por la fuerza un hombre resquebrajó mi cuerpo a la fuerza. Me dsnudó de cintura para abajo y dejando mis enteañas al aire me destajó.

Y desde ese día, aunque tengo incipientes ganas de acostarme con ese hombre que tanto deseo, me planteo si el sexo se puede disfrutar.
Supongo que sí, aunque tendría que comprobarlo.

Tal vez nada impida que pueda disfrutar de una nueva relación, de otro cuerpo al que aferrarme, un cuerpo que besar apasionadamente, una camisa que desabrochar despacio.....
Quiero que el sexo sea un disfrute mutuo para él y para mí, volver a sentir su sexo duro dentro de mí, por propia voluntad, sabiendo que es un deseo, un regalo del destino, un recuerdo.

Creo que debe ser especial descubrir un cuerpo nuevo, y saber que será mío por un instante.  Satisfacerlo con mi boca, con mi lengua, con mis manos, con un masaje, con un beso en la nuca, y después de estallar uno dentro de otro, acomodarme en su pecho, con la melena suelta, y que sus manos me acaricien cubiertos por las sabanas de seda.

 Solo añádele una botella de cava, unas rosas, y algo dulce, una música tenue y déjate llevar, es cuestión de disfrutar, si se puede, creo.

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