sábado, 18 de abril de 2015

Perder el tren



Amanezco hoy tan emocionada porque voy a buscarte a la estación. Por fin voy a volver a encontrarme con la persona que siempre aunque sea lejos ha estado a mi lado.

Estos meses han sido largos, pero recibir algunas cartas ha hecho la espera más llevadera. 
Somos amigos, y lo sabemos, pero tal vez dentro de nosotros hay una fuerza reprimida que nos lleva de vez en cuando a la locura.

¿Acaso dos amigos sin compromiso alguno, no pueden dejarse llevar?

Cuando tu tren llega al andén de la estación y te veo bajar, se me acelera el corazón. Y es tan fuerte el abrazo que nos damos que me levantas un palmo del suelo.

Vas a pasar una semana en mi ciudad, en mi casa, y difícil será reprimir tanto deseo.
Las angostas calles de mi Zaragoza, esa que tanto nombras, quedan grabadas en tu memoria y en tu objetivo. 
Y a la orilla del Ebro, en el Puente de Piedra donde los recién casados se besan, tú me regalas el mejor de tus "te quiero"

En nuestra última noche juntos, antes de que te vayas, sin saber cuando será la próxima vez, tus ojos me miran deseosos, y mi cuerpo se abalanza sobre tí. 

Fundidos en un beso, acariciándote tras la oreja, la nuca, ese beso robado pero, no lo neguemos, deseado, se convirtió en un instante de pasión donde poco a poco desaparece mi ropa, vuela la tuya, nuestras carnes se enredan y tu pierdes el sentido y el tren de vuelta.  
Yo solo pierdo la cuenta de los besos que nos damos.

Te quiero, me quieres, me deseas, me sueñas.... Vives bajo mi almohada.

Llévame donde tu vayas, déjame donde te quedes, pero no me separes de tu lado porque ambos somos la vida para el otro.

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